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LA AMISTAD AUTÉNTICA Y LA VOCACIÓN PERSONAL 2>

Todos sabemos que el hombre es indigente e inacabado, y que principalmente necesita estar abierto a Dios y también a los demás en quien confíe. Por eso, qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo.

El hombre como ser creado, está dispuesto por naturaleza a desarrollar una vocación.  Ningún hombre se perfecciona solo. Necesariamente intervienen en su vida: las cosas, los hechos, especialmente las demás personas. Por otra parte, Dios busca colaboradores. Se vale de éstos para que colaboren con Él en la tarea de nuestra salvación.

Si cada uno de nosotros no es Dios, es indudable que no nos bastemos, para vivir la vocación (perfección) a la que hemos sido llamados. No es suficiente saberlo, es imprescindible que la convicción de seres necesitados (¿quién no lo está), sea una realidad   y prevalezca en el alma.

Del amor de Dios, se origina una dimensión de amor entre los hombres, participación del amor divino. Si cada uno de nosotros no es Dios, es absurdo que nos bastemos a nosotros mismos, para obtener la perfección a la que hemos sido llamados. Por eso, es necesario que la convicción de seres necesitados enraíce en nuestra alma.

Quién no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo amará a Dios, a quien no ve? Porque cada ser creado, depende en definitiva del Creador.

Del amor de Dios, se origina una dimensión de amor entre los hombres, participación del amor divino. Dios creó al hombre a su “imagen y semejanza”, el Hijo nos redimió a cada uno; entonces hay algo por lo que el hombre merece ser amado.

Ante el prójimo necesitamos mantener una actitud de respeto, de casi sagrada expectación. Nuestra actitud ante él prójimo, debe presentir lo que puede haber de verdadero y profundo en su interior. Esto se consigue con la amistad.

La amistad se encuentra y se forja, pero no se descubre hecha. Se trata de preocuparse por el amigo como a la persona que se ama, y se le ayuda hasta el punto de dar la vida por él. “Una de las alegrías de la amistad es saber en quien confiar” (Alejandro Manzoni).

Como la mistad es algo tan bueno, mientras más amigos auténticos tengamos, seremos más felices.

Necesitamos tener amigos (no por miras egoístas), porque así nos hacemos personas, como Dios quiere que lo seamos.  Dios lo desea. Buscando la felicidad del amigo, encontramos la nuestra. En esto consiste el amor: No busco solo mi felicidad sino también la del amigo.

Amor sin cálculos. El amor es el acto por el cual la voluntad se identifica y se reúne con la alegría y el bienestar del otro.

La amistad auténtica es la que sabe compartir la alegría, sin el más leve rastro de envidia. El amigo es el otro yo:  la felicidad y el dolor ajenos, pero hechos propios. Esta felicidad es algo estupendo que Dios nos otorga a cada uno.

Dios es feliz en sí mismo, porque no necesita a nadie. El hombre, por ser limitado, necesita de los demás para ser dichoso. Amar al amigo es desearle y ayudarle a que viva en el bien y en la verdad.

LA AUDACIA COMO ACTITUD ES NECESARIA PARA LA VIDA 2>

La audacia como pasión:

Pasión del apetito irascible: acomete el mal difícil o arduo inminente, para superarlo o destruirlo, movido por la esperanza de la victoria y de alcanzar el fin deseado. Supera las dificultades que impiden algo que puede y se debe conseguir.

Lo contrario a la audacia es el temor. El temor retrae ante las dificultades cuando parecen insuperables o cuando no compensan el bien que se busca.

La audacia depende de la mayor o menor esperanza del bien: cuando la esperanza es firme, supera y destruye los impedimentos.

La audacia es pasión, mientras no entra en el campo de la moralidad.

La audacia como virtud humana:

La audacia puede apagarse al experimentar las verdaderas dificultades. Y al no valorar exactamente la actualidad, podría caerse en la temeridad.

La audacia como virtud, es un aspecto de la magnanimidad, por la cual el ánimo del hombre tiende a cosas grandes y busca el bien a toda costa. La audacia mueve al hombre para acometer decididamente el bien que desea llevar a cabo. Necesita ser un auténtico bien –que con virtud de la esperanza- objetivamente perfeccione al hombre y lo lleve a su fin.

La audacia verdadera debe hacer relación al fin último. Cuanto mayor es la empresa y el bien que se espera, mayor debe ser la audacia.

Intervención de la inteligencia:

La inteligencia interviene en los pros y contras, es decir, en una justa proporción entre el bien que se busca y los peligros que se afrontan. Por ello, es preciso considerar las fuerzas con que se cuenta, para vencer las dificultades.

Es necesario estudiar los pros y contras para saber poner los medios.

¿Qué medios?: virtudes, la experiencia, los medios exteriores necesarios, la ayuda de otras personas, especialmente la ayuda de Dios. “Con audacia se puede intentar todo, mas no conseguirlo todo” (Napoleón Bonaparte, 1769 – 1821).

La cobardía, puede ir acompañada de la temeridad y de la presunción, por las que el hombre se arriesga sin contar con las fuerzas necesarias. O por la pusilanimidad, que es una actitud de falsa prudencia, para no acometer empresas grandes por las dificultades.

“Como no sabían que era imposible, lo hicieron” (Anónimo). La audacia sin juicio es oscura, y el juicio sin audacia es inútil. “Nunca me ha preocupado la acción, sino la falta de acción” (Winston Churchill)

La audacia, virtud cristiana:

Quienes están en buenas disposiciones con la divinidad, son más audaces   Vale la pena hacer el bien, por eso es necesario hacerlo a toda costa. Es conveniente ser audaces en todo el bien que hagamos.

“Cuando remuerde la conciencia, por haber dejado de realizar una cosa buena, es señal de que el Señor quería que no la omitiéramos.

-Efectivamente. Además, ten por cierto que “podías” haberla hecho, con la gracia de Dios” (san Josemaría Escrivá, Surco, 105)

Esperanza sobrenatural:

Si se trata de hacer el bien, todas las cosas rectas son camino y medio para llegar a Dios. 

LA SALUD MENTAL NOS AYUDA A SER MÁS RESPONSABLES 2>

Las personas con salud mental se sienten satisfechas consigo mismas y con los demás:

Aceptan con regocijo su personalidad: las virtudes y los defectos, las habilidades y las limitaciones.  Es una aceptación llena de alegría y de afán por superarse. Son personas con sentido práctico y que no se quedan en las meras teorías.

Por ello, estas personas se encuentran dispuestas a mejorar en lo que les haga falta. Siempre tratan de poner su personalidad al servicio de los demás y de sí mismas, luchando denodadamente por convertir su defecto dominante (egoísmo o la soberbia, etc.)  en virtud.

Esta lucha puede durar toda la vida, pero no admiten el menor desánimo sino el deseo de luchar cada día más inteligentemente y de alcanzar el objetivo

Controlan sus emociones: no se dejan abrumar por el desconcierto, los miedos, iras, cambios de planes, culpa, preocupaciones, etc.

Aceptan las decepciones de la vida, que aprovechan como oportunidades para acrecentar y hacer más inteligente la lucha por la vida.

Son comprensivas, exigentes y sencillas consigo mismas, así como con los demás. Se ríen de sí mismos con sentido del humor, sin justificar sus faltas y errores.

Tienen un conocimiento profundo y equilibrado de sí: no se sobrestiman ni subestiman sus capacidades.

Tampoco se comparan con los demás. Confían primero en sus capacidades naturales, procurando mejorarlas continuamente y obtienen tranquilidad y alegría por ello.

Pase lo que pase siempre están serenas, porque así pueden pensar mejor y resolver los problemas, que son de ordenaría administración. Se sienten capaces de manejar las situaciones que se les presentan.

No sacrifican el desarrollo de su personalidad (virtudes y habilidades), por el deseo de “hacerse los simpáticos” con los demás

También se sienten bien respecto a los demás:

Ellas mismas se dan en afán por ser útiles a los demás. Saben que necesitan apoyo de los demás, y lo buscan, sin hacerse poca o excesivamente dependientes.

Tienen relaciones personales, satisfactorias y duraderas. Sus amistades pueden durar toda la vida.

Dan por hecho que los demás los aceptan y confían en ellos, y que existen quienes no lo hacen. Respetan las diferencias y no andan juzgando a los demás.

No presionan ni permiten que se les presione. Se sienten a gusto formando parte de un grupo o equipo, sin diluir su responsabilidad en los miembros del grupo.

Se sienten capaces de cumplir las exigencias de la vida:

Conservan y hacen crecer el sentido de responsabilidad en ayudar a sus prójimos.

Saben prever. Actúan para resolver los problemas conforme se les vayan presentando. Aceptan y desean responsabilidades.

Si necesitan hacer ejercicio o deporte, lo hacen.

Modelan su ambiente, conquistándolo, siempre que sea preciso., Aprenden a convivir con los demás, sin ceder en las cosas esenciales de la vida.

Cuidan el presente, sabiendo que ahí se forja el futuro. Planean lo que les ayuda a construir el porvenir.

Están abiertas a las nuevas experiencias y a las ocurrencias novedosas.

Son flexibles y firmes a la vez, y aprenden lo que es adecuado para una situación nueva, y desaprenden u olvidan lo que es caduco o ya no sirve.

Establecen metas realistas. No hacen caso al “qué dirán”. Son capaces de pensar por sí mismos, de pedir consejo y de tomar sus propias decisiones.

Final de dos años 2>

Los católicos acabamos de terminar el año litúrgico e iniciamos uno nuevo. Estas fechas son variables. En este año de 2024 el año litúrgico concluyó con la conmemoración de San Andrés. Primer apóstol en seguir a Jesucristo y él presentó a su hermano Simón a quien Cristo llamaría Pedro y se quedaría al frente de la Iglesia como primer Sumo Pontífice.

El nuevo año litúrgico comenzó al día siguiente, domingo primero de diciembre, con el nombre de primer domingo de Adviento. Recorreremos otros tres domingos de Adviento antes del 25 de diciembre en que festejaremos el Nacimiento de Nuestro Redentor, Jesús.

Conviene reflexionar en el porqué de las fiestas y los regalos, para evitar el cansancio, el nerviosismo y el mal humor. Es una paradoja, pero todos experimentamos que eso sucede. Y al reaccionar así deterioramos lo que debería ser la oportunidad de disfrutar el regalo más importante para todos, sin excluir a nadie: Jesús vino a salvarnos del descamino, nos da la oportunidad de convertirnos en hijos de Dios y de ocupar el sitio que nos tiene prometido en el cielo, para toda la eternidad.

Los regalos que acostumbramos dar a nuestros seres queridos son una especie de adelanto del regalo impresionante que Jesús nos trae a cada uno de los humanos, sin excluir a nadie. Incluye a todas las personas de todas las regiones y de todas las épocas. Es algo inmenso cuyo recuerdo hemos de tener muy presente. No hay otro regalo semejante.

Este año es una nueva oportunidad de recordar este acontecimiento tan importante para disfrutar con más contenido el hecho de compartir regalos, los paseos para ver la iluminación de la ciudad o los adornos en las calles o en los centros comerciales. Motivo que debe llenarnos de alegría y recordárselo a quienes suelen ponerse tristes pues seguramente olvidaron el por qué o nadie se los ha dicho.

El otro fin de año es el del año civil. Ese sí tiene fecha fija y lo festejan todos los países, tanto que se unifican las celebraciones cuando dan las doce de la noche y cambia el calendario. Inicia el primero de enero y se representa muchas veces con un bebé recién nacido y nos llenamos de esperanza porque deseamos lograr en ese nuevo año todo lo que no alcanzamos en el que termina.

Está muy bien renovar la esperanza y los propósitos, pero para no caer en el desánimo ante el hecho de no conseguirlo, conviene recordar nuevamente que el premio que supera con creces todos los demás, ese sí es seguro, siempre que nuestra conducta se oriente a lo que Dios manda.

Por esta razón el festejo del inicio del año civil es la oportunidad de recordar los propósitos hechos ante el pequeño Niño Dios.      

La oportunidad de finalizar dos años de modo tan cercano es la mejor ayuda para perseverar en los propósitos de mejora. Siempre los hacemos y, también pueden olvidarse fácilmente por lo complicado de esos días. Por ejemplo, normalmente tenemos más compromisos laborales, pues revisamos los resultados del trabajo y proponemos nuevas metas. También hay compromisos sociales.

En la familia se esperan vacaciones y modo de disfrutar esos días, además de agasajos y regalos, como por tradición se viven de año con año. Y la doble oportunidad puede ayudarnos a renovar las disposiciones para construir recuerdos gratos, o rectificar algunos enfoques o respuestas desajustadas que pudieran deteriorar las relaciones con los seres más queridos.

   

CADA UNO NECESITAMOS CONSTRUIR EL MEJOR MUNDO POSIBLE 2>

“El futuro no existe para ser adivinado, sino para ser hecho”. Nos interesa en la medida en que pueda contener nuestros objetivos presentes y construir el futuro. Esta verdad palmaria, a veces no es bien  entendida y se descuida el presente, el  hoy-ahora. Con las consecuencias funestas que ello lleva  consigo:   la ceguera ante la vida, la precipitación y el atolondramiento.

Muchos de los males que padecemos: droga, divorcio, pornografía, pérdida de los valores morales, consumismo, aumento de la brecha entre ricos y pobres, terrorismo, guerras, desempleo, etc., se deben, quizá, por no vivir bien el  presente y reaccionar tontamente ante lo que contraría.

Lincoln, dijo en una ocasión, que una de las cosas más difíciles para el hombre, consiste en lo qué tiene que hacer uno al momento siguiente. Y es cierto, a veces, resulta imposible. Pero no reside aquí el problema: sino en la carencia de unos objetivos concretos y excelentes, por los que valga la pena esforzarse. Es decir, objetivos que lleven a ser felices a las personas, tanto  al día de hoy como en el futuro.

¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Qué pretendemos?: forjar un mundo más humano, donde cada persona sea acogida con alegría, se le respeten sus derechos y se fomente su libertad. En todo esto coincidimos, y nadie sería capaz de contradecirlo. El asunto radica más bien en cómo y para qué.

No se trata de forjarnos una utopía, si no de ser realistas, sabiendo que es imposible encontrar la felicidad plena en esta vida, pero que si resulta posible una felicidad relativa.    Y que, al menos,  se pueden crear las condiciones para estar ya siendo felices y alegres. 

Pero no se trata de un estado, sino más bien de una actitud ante la vida, la que hace que seamos felices y contribuyamos a que también lo sean los demás.

Por ejemplo, la actitud positiva y responsable de los paterfamilias, contribuye poderosamente al bienestar social y a edificar el futuro en los mejores términos que puedan ser imaginados. En general, lo que podemos imaginar, lo podemos hacer.

La tasa de natalidad, indica el número de nacimientos por cada 1000 personas durante un año.

Con anterioridad a la Revolución Industrial (Inglaterra, siglo XVIII), las tasas de natalidad eran muy elevadas, superando el 40 por mil.  En nuestros días la tasa de natalidad media está en torno al 28 por 1000, pero las diferencias entre países son muy acusadas.

Así,  algunos países  mantienen tasas de natalidad parecidas a las sociedades anteriores a la revolución industrial, mientras que otros bajan claramente del 10 por mil, como, por ejemplo, sucede en  Alemania y España, lo cual es preocupante.

Este descenso es difícil detenerlo, aunque no imposible. Pues no sólo se explica por motivos económicos o sociales, sino también por una visión distorsionada del matrimonio y la familia y por una concepción egocéntrica y materialista de la vida.

Es preciso invertir esta tendencia en el descenso de los nacimientos. Podría ayudar, proporcionar ayuda económica a cada familia necesitada, pero sobre todo se hace imperativo una revalorización de la tarea educativa de los paterfamilias y del concepto monogámico del matrimonio y de apertura a la vida.

Todos sabemos que  la única verdad es la realidad. Por eso es  preciso quitarse los miedos y optar por la confianza en Dios, con la idea muy realista de que cada persona, recién concebida, ya  trae  un pan debajo del brazo y tiene una misión concreta e intransferible para  aportar y hacer el bien en la vida.

No es que seamos muchos, si investigamos nos daremos cuenta que somos más bien pocos los vivimos en el mundo. Lo que pasa es que nos hace falta formarnos en las virtudes y en los valores. Es necesario  tomar la vida como algo sumamente bueno y valioso, y que ya –ahora-  si queremos  nos hace felices.