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Gabriel Martínez Navarrete

La Familia es lo primero: Es necesario revertir lo funesto del divorcio y del aborto 2>

Si deseamos de veras impedir que en el futuro la despenalización del aborto se extienda como plaga en las legislaciones de los Estados que todavía no se han blindado contra este mal, debemos incluir en cada código civil la alternativa del matrimonio indisoluble de una con uno y viceversa.

Está comprobado que socialmente es mucho más destructiva la legalización del divorcio que la del aborto.  Debido a que el divorcio destruye, en su raíz, a la célula familiar, fundamento de toda sociedad. Con esto no quiero decir que el aborto no sea un infanticidio ni que moralmente sea menos grave que el divorcio.

No nos hagamos tontos: científicamente la vida del ser humano se inicia en el momento de la concepción –que es la etapa inicial del desarrollo de la persona-. Esto es un hecho, por más razonadas sinrazones que se arguyan al respecto.  El ser humano es persona desde el momento de su concepción.

La experiencia recogida en muchas naciones, señala que el divorcio conduce, con el tiempo, a despenalizar el aborto y a una sucesión de legalizaciones que destruyen al ser humano: la droga, la eutanasia, la homosexualidad, etcétera. Un caso cercano lo tenemos en Estados Unidos, se legaliza el divorcio y pocos años después se despenaliza el aborto.

Y es que el hecho mismo de tener abierta la posibilidad legal del divorcio, destruye el modelo mismo del matrimonio y da pauta para abrir la puerta al aborto –lo que ya está ocurriendo en nuestro país-.  Detrás de toda legislación divorcista, siempre yace una idea errónea del significado profundo del pacto matrimonial, en virtud del cual dos personas se casan, prometiéndose mutua lealtad, gracias a un amor que determina que ese matrimonio es sólo con uno y con una, y hasta el final de la vida Y la naturaleza de este es la unidad e indisolubilidad.

Hoy, el divorcio ha perdido el carácter de fracaso o dolencia exclusiva que tuvo en un principio, y ha pasado a adquirir proporciones de epidemia.  También, hoy, parece que el aborto está pasando del carácter de delito exclusivo, al carácter de abundancia de casos lastimosos, y aún más: jurídicamente se le está elevando a derecho de la mujer.

Por decreto, de un día a otro, en el aborto se pasa a considerar como “basura” al bebé en gestación, despojándolo de su derecho inviolable a la vida. Es decir: “ayer soy un humano y al día siguiente no soy nada. Cuando lo he sido desde el momento de la concepción. Los argumentos son tan peregrinos y antijurídicos como se hizo para justificar el divorcio.

Se quieren modificar los principios jurídicos con el fin de solucionar casos aislados de mujeres rotas por el aborto, olvidando que como sucedió con el divorcio: el elevarlo a rango de ley, equivalió, en la práctica, a potenciar su efecto maléfico y multiplicador.

Las personas sensatas afirman que, en el mejor de los casos, el divorcio y el aborto son fracasos, cuya causa interesa más eliminar que intensificar sus efectos. Desgraciadamente, estos asuntos problemas tan importantes, se trataron muy poco durante la campaña para elegir presidente.

La ley aprobatoria del divorcio sugiere que el modelo de matrimonio uno e indisoluble, es una idea que debe quedar enterrada en el pasado, y que es necesario abrirse a nuevas ideas y formas de vida como signos de progreso y de conquista. Al respecto, pienso que se debe distinguir entre progreso técnico y científico, y progreso humano. En el primero, el crecimiento es muy posiblemente irreversible; a diferencia del progreso humano: moral, civil, social y psicológico, que puede sufrir retrocesos porque es efecto de la voluntad.

Así, por ejemplo, cuando se permite el divorcio, se reduce a tal grado el concepto de matrimonio, que se le ve como una mera unión pasajera, muy semejante a la función fisiológica de los animales.  Algo semejante sucede con el aborto, cuando a ese ser indefenso se le considera como un intruso en el vientre de la madre.  Quizá sea esta una de las razones que explique la actitud antihumana de favorecer el aborto.

Por eso, la manera más segura de eliminar el aborto y el divorcio, consiste en proteger a la familia, mediante leyes que protejan la unidad e indisolubilidad del matrimonio, y la vida del niño no nacido.

No sin razón, desde tiempos inmemoriales, se ha considerado al matrimonio como el primer vínculo de la sociedad; el siguiente, los hijos, y después la familia.

En el plan de Dios, el hombre y la mujer están hechos “el uno para el otro”: No que Dios los haya hecho “a medias” e “incompletos”; los ha creado para una comunión de personas. Esos que promueven el divorcio y el aborto están como el burro que tocó la flauta. Es cierto, la verdad no peca, pero incomoda. Es necesarísimo corregir estos errores.

AMISTAD Y LEALTAD 2>

El amor debe prevalecer y centrarse en las personas: “¡Qué maravilla que existas!”.

 

Debemos y es necesario amar a las personas como son, incluso con sus defectos, queriendo el bien para ellas. Especialmente con nuestros amigos. De este modo, por nuestro auténtico amor, podemos ayudar a ese concreto amigo nuestro, a que supere   sus defectos, y de modo especial el defecto dominante, para sea  más  feliz, si es que ya no lo es. La lealtad está muy unida a la fidelidad. Por eso se habla de amigo fiel.

 

Es de lealtad hacerle ver a ese amigo nuestro, esos defectos en una conversación sincera e íntima, llena de cariño.   La única manera de que el amigo se decida a combatir el defecto o los defectos mencionados, es que él mismo se convenza de la necesidad de esa lucha.

 

No podemos forzar a que el amigo luche, pero si podemos ayudarle no solo con nuestro cariño y comprensión, sino también con la oración. En último término es solamente el “interesado” quien debe reconocer en lo íntimo de su conciencia esos defectos, especialmente el defecto dominante y luchar para convertirlo en virtud.  El consejo no quita la libertad, pero si aporta nuevos elementos de juicio, que conviene agradecer.

 

Luego de oír el o los consejos, si hay verdadero amor es sencillo que el afectado acepte lo que le hacemos saber. Lo hará si existe verdadera amistad. Solo uno mismo puede decidir la conveniencia de comunicar los defectos a alguien que conoce. Por ello, es importante estar a su lado para ayudarle.  Lo cual requiere comprensión y exigencia para enfrentarlo a la realidad.

 

La amistad que abarca a la persona por entero: es en el auténtico amigo con quien se habla sinceramente y se piensa en voz alta, Cuando nuestro amigo no nos entiende en lo más decisivo (por ejemplo, la religión), llega un momento en su vida en que se plantea esta incomunicación. Pero la amistad debe salvarse, aunque no se compartan las creencias: pero no pueden ignorarse. Al menos el afecto debe unir la amistad, porque es mejor esto que nada.

 

  • La verdad existe: es inmutable y hay que descubrirla: son los dogmas.
  • Lo opinable son verdades parciales.
  • Los hechos admiten interpretaciones.

 

No se puede ceder en los dogmas (cfr. Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino.., n.394)

Lo que se pide es ser consecuente con lo propio y estar dispuesto a dejarlo si descubrimos que nos encontramos en el error. Para poder ayudar al amigo, es necesaria una actitud de olvido de sí mismo, de cariño y confianza, esto es:  de lealtad.

 

Como se trata de un servicio (amistad), no debemos esperar agradecimiento. Pero sí podemos rezar por el amigo para que cambie y rectifique.

 

Todo lo que no sea la persona del amigo que necesita ayuda, hemos de ponerlo en segundo término. Cuando se quiere a alguien, uno se encuentra más de una vez con la mente y el corazón con esa persona concreta y lo que a él le importa.  P.ej. la novia, la madre, los hijos, el trabajo, etc.

 

Pensar en el amigo, sobre todo si requiere ayuda es algo maravilloso; porque ayuda todos necesitamos. El amigo ayuda a encontrar y seguir su misión al amigo.