
No haga caso a las dificultades, amenazas, críticas y al “qué dirán”. Pero tampoco las ignore, porque conviene a aprender a manejarlas de modo que nos sirvan como catapultas (oportunidades de mejora).
No haga caso a las dificultades, amenazas, críticas y al “qué dirán”. Pero tampoco las ignore, porque conviene a aprender a manejarlas de modo que nos sirvan como catapultas (oportunidades de mejora).
Para ello es necesario ponerse unos objetivos claros que lleven a querer más a los demás, especialmente a los más próximos. Se trata de hechos, no sólo de buenos propósitos, aunque a veces no lo consigamos.
Que sean realistas, medibles y alcanzables a corto plazo. El corto plazo nos da acceso al largo plazo, que nos sirve de faro.
El líder actúa con la mayor objetividad, y se cuida bien de no forjarse una imagen definitiva de las situaciones, como de un peligro que podría comprometer sus decisiones posteriores.
“La amistad rodea al hombre de una atmósfera de cariño e influye en todas las facetas de su personalidad.” (GER). Por ello, la convicción de seres necesitados de amistad debe enraizar en el alma.