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Ana Teresa López de Llergo

Reinicio de una etapa anual 2>

Cada año tenemos variadas etapas y esas secuencias tienen la finalidad de situarnos en acontecimientos muy variados. Los relacionados con la naturaleza nos preparan para convivir con cambios de clima como las cuatro estaciones del año. Y de ese modo tener en cuenta cómo será nuestro modo de vestir o el tipo de alimentos. También influyen en las actividades laborales o escolares.

Hay otras etapas relacionadas con la Historia Universal o la Regional, y eso propicia recuerdos de sucesos o de personajes. Los hay dolorosos como la guerra o algún evento climático. Otros heroicos como los resultados positivos de un buen gobernante o los descubrimientos científicos que mejoran la salud o la agricultura.

Algunos están relacionados con la religión y a estos me voy a referir con el fin de conocerlos mejor para aprovecharlos mejor. Obviamente tienen un sentido que sobrepasa al de la memoria. Se trata de recordar no sólo lo sucedido sino el mensaje de ese suceso y poder aprovechar la lección de ese acontecimiento. Porque por algún motivo importante se rememora.

Las etapas en las que quiero detenerme traen para nosotros muy valiosas enseñanzas y es una lástima que las desconozcamos o pensemos que lo poco que sabemos no es importante. Se trata de la Cuaresma y de la Pascua. Pero antes del inicio de la Cuaresma con el miércoles de ceniza hay unos días de Carnaval.

Al carnaval, en algunos lugares, les dedican unos días de fiesta imparable en lugares públicos y privados. Es buscar diversión y más diversión con bastante desenfreno, antes del tiempo de Cuaresma que es todo lo contrario. En el carnaval se da rienda suelta a todo tipo de pasiones antes de la llegada de la Cuaresma que es tiempo de recogimiento y de reparación con el fin de pedir perdón a Dios por los desmanes que cometemos.

El tiempo de Cuaresma comprende cuatro domingos y termina con la Semana Santa. Es un tiempo de penitencia y de oración para implorar a Dios el perdón por nuestros pecados. A la vez es el recordatorio de la misericordia divina que viene a pagar las deudas cometidas y que impiden nuestra salvación. Dios Padre envía a Dios Hijo para rescatar a todas las personas de la tierra que quieran aceptar tal regalo para poder entrar al cielo.

La Pascua inicia con el domingo en que se conmemora la Resurrección de Jesucristo, así vence a la muerte y abre las puertas de Paraíso. Son cincuenta días que terminan con la fiesta de Pentecostés. En ella conmemoramos la venida de Dios Espíritu Santo a cuidar a la Iglesia fundada por Jesucristo quien ya subió al cielo en cuerpo y alma y allí espera que ocupemos el lugar que nos preparó.

Si nos informamos adecuadamente podremos disfrutar con más precisión y admiración de todas las ceremonias litúrgicas.

Tras la amistad 2>

El título de este artículo puede verse desde dos puntos de vista: qué hay detrás de la amistad y el hecho de vivir personalmente la amistad. Estas dos cuestiones surgen pues estamos en el mes donde tenemos un día dedicado a la amistad, y año con año festejamos la relación con nuestros seres queridos.

Por este motivo podemos hacernos varias preguntas y sus respectivas respuestas nos medirán la madurez en nuestras relaciones. ¿Permanecen las mismas amistades y desde cuándo están? ¿Se han incorporado otras y por qué motivo? ¿Por qué ya no están otras?

Es lógico que cuando celebramos esta fecha incluyamos a las personas cercanas de nuestra familia: los padres, los abuelos, hermanos, tíos, primos, amigos entrañables que para nosotros están siempre. Luego añadimos otras personas conforme entramos a nuevos ambientes. También desaparecen algunas y aquí es necesario profundizar en la razón para ver si eso se justifica o no se justifica

Nuestras respuestas han de llevarnos a revisar qué significa para mí la amistad.

La amistad es una manera de vivir la relación con los demás y muestra nuestro grado de madurez en la dimensión social. Se caracteriza por la reciprocidad pues la amistad es el resultado de un sentimiento mutuo, debido a puntos de vista semejantes, coincidencia en modos de ver la vida o de tener proyectos en común.

No es posible explicar la amistad con parámetros formales pues cada amistad es única y propone un camino irrepetible. Algunas surgen muy pronto, otras tardan mucho más. Las hay estrechas y cercanas, otras son más específicas y por lo tanto sólo coinciden en aspectos muy definidos.

Pero toda amistad es un tesoro por basarse en concordancias. Y la concordancia es semejanza en aspectos que anida el corazón, aspectos que amamos, que valoramos, que deseamos perfeccionar, que nos dolería perder.

Por eso. Si al responder las preguntas planteadas al inicio nos damos cuenta que nuestras amistades varían en exceso, hemos de rectificar pues es muy probable que nuestras relaciones humanas sean frívolas y superficiales. Por este motivo podemos concluir que no valoramos como de debe a las personas en toda su profundidad y eso mismo nos lleva a vivir de modo infantil.

La madurez de la persona se alcanza cuando se valora la amistad y se cultiva. Esta actitud lleva a cuidar y mejorar todas nuestras relaciones tanto familiares como extrafamiliares, respetando los modos de ser y respetándonos porque mejoramos en el trato con los demás.

Todos los esfuerzos que hagamos en este terreno redundarán en fortalecer nuestra madurez y en la capacidad de establecer relaciones humanas sólidas y mucho más gratas.

El día de la amistad es una oportunidad para pasar del romanticismo adolescente a la consistencia de adultos que se respeta y respeta a los demás.

Esperar, esperanza 2>

Esperar está totalmente integrado a la vida. Desde nuestras primeras manifestaciones como recién nacidos esperamos abrigo, comida, limpieza, compañía. Poco a poco aprendemos a desear y pedimos un juguete, también deseamos jugar como los demás o ir a la escuela. Y esperamos para lograr todo eso.

Nos damos cuenta que esperar es un estado de ánimo natural y aparece cuando deseamos algo. Si aquello es fácil de alcanzar la persona desarrolla la confianza y el optimismo, más adelante puede tener expectativas y llegar a ser emprendedora.

Si una persona sufre mucho porque no tiene oportunidad de satisfacer sus deseos puede volverse desconfiada y pesimista. Entonces en la adultez se frenará y su desarrollo puede ser muy pobre. De allí la importancia del modo como los adultos tratan a los pequeños, para evitar este tipo de desajustes.

Cuando el desarrollo es equilibrado, en la adultez seguimos esperando un buen trabajo, buenas amistades, formar una familia, superar una enfermedad. Hace unos días estuvimos a la espera de recibir un nuevo año donde podamos alcanzar muchos de nuestros propósitos.

Todas esas manifestaciones las podemos vivir de mejor o peor manera. Y para hacerlo de mejor manera tenemos la oportunidad de practicar la virtud de la esperanza. Además, como muchas veces lo que esperamos es complicado de alcanzar, pedimos ayuda. También es una medida de prudencia pedir a quien realmente nos puede ayudar.

Por lo tanto, la virtud de la esperanza consiste en saber equilibrar nuestros deseos con los recursos a nuestro alcance. Esto incluye la preparación personal -conocimientos y experiencia-, los recursos materiales como el dinero o los productos y el equipo, y los recursos humanos como los socios o los compañeros de trabajo -capitalistas, ejecutivos, consultivos-.

En el cristianismo, la esperanza también es una virtud teologal por la que se espera que Dios otorgue los bienes que ha prometido. Desde luego no se ha de perder de vista que para ser acreedores de esas promesas hemos de cumplir unas condiciones.

Por lo tanto, la expectativa cristiana asegura recibir las bendiciones prometidas a los justos cuando se han puesto todos los medios para asemejarse a ellos. En las Escrituras se habla con frecuencia de la esperanza como la espera anhelosa de la vida eterna por medio de la fe en Jesucristo.

Desde luego, confiar en Dios es la mejor garantía de alcanzar lo mejor. Además, Dios está dispuesto a ayudarnos si se lo pedimos.

La Iglesia es la depositaria de las ayudas de Dios para todas las personas, y nos ofrece muchos modos de conseguirlas. Precisamente en el año 2025, recién estrenado, la Iglesia tiene previstas muchas ayudas para los cristianos. El Papa nos lo anunció desde el año pasado. No dejemos de aprovechar todos esos recursos.

Final de dos años 2>

Los católicos acabamos de terminar el año litúrgico e iniciamos uno nuevo. Estas fechas son variables. En este año de 2024 el año litúrgico concluyó con la conmemoración de San Andrés. Primer apóstol en seguir a Jesucristo y él presentó a su hermano Simón a quien Cristo llamaría Pedro y se quedaría al frente de la Iglesia como primer Sumo Pontífice.

El nuevo año litúrgico comenzó al día siguiente, domingo primero de diciembre, con el nombre de primer domingo de Adviento. Recorreremos otros tres domingos de Adviento antes del 25 de diciembre en que festejaremos el Nacimiento de Nuestro Redentor, Jesús.

Conviene reflexionar en el porqué de las fiestas y los regalos, para evitar el cansancio, el nerviosismo y el mal humor. Es una paradoja, pero todos experimentamos que eso sucede. Y al reaccionar así deterioramos lo que debería ser la oportunidad de disfrutar el regalo más importante para todos, sin excluir a nadie: Jesús vino a salvarnos del descamino, nos da la oportunidad de convertirnos en hijos de Dios y de ocupar el sitio que nos tiene prometido en el cielo, para toda la eternidad.

Los regalos que acostumbramos dar a nuestros seres queridos son una especie de adelanto del regalo impresionante que Jesús nos trae a cada uno de los humanos, sin excluir a nadie. Incluye a todas las personas de todas las regiones y de todas las épocas. Es algo inmenso cuyo recuerdo hemos de tener muy presente. No hay otro regalo semejante.

Este año es una nueva oportunidad de recordar este acontecimiento tan importante para disfrutar con más contenido el hecho de compartir regalos, los paseos para ver la iluminación de la ciudad o los adornos en las calles o en los centros comerciales. Motivo que debe llenarnos de alegría y recordárselo a quienes suelen ponerse tristes pues seguramente olvidaron el por qué o nadie se los ha dicho.

El otro fin de año es el del año civil. Ese sí tiene fecha fija y lo festejan todos los países, tanto que se unifican las celebraciones cuando dan las doce de la noche y cambia el calendario. Inicia el primero de enero y se representa muchas veces con un bebé recién nacido y nos llenamos de esperanza porque deseamos lograr en ese nuevo año todo lo que no alcanzamos en el que termina.

Está muy bien renovar la esperanza y los propósitos, pero para no caer en el desánimo ante el hecho de no conseguirlo, conviene recordar nuevamente que el premio que supera con creces todos los demás, ese sí es seguro, siempre que nuestra conducta se oriente a lo que Dios manda.

Por esta razón el festejo del inicio del año civil es la oportunidad de recordar los propósitos hechos ante el pequeño Niño Dios.      

La oportunidad de finalizar dos años de modo tan cercano es la mejor ayuda para perseverar en los propósitos de mejora. Siempre los hacemos y, también pueden olvidarse fácilmente por lo complicado de esos días. Por ejemplo, normalmente tenemos más compromisos laborales, pues revisamos los resultados del trabajo y proponemos nuevas metas. También hay compromisos sociales.

En la familia se esperan vacaciones y modo de disfrutar esos días, además de agasajos y regalos, como por tradición se viven de año con año. Y la doble oportunidad puede ayudarnos a renovar las disposiciones para construir recuerdos gratos, o rectificar algunos enfoques o respuestas desajustadas que pudieran deteriorar las relaciones con los seres más queridos.

   

Tradiciones del día de muertos 2>

En el calendario universal de la Iglesia católica, el primer día del mes de noviembre es para celebrar a Todos los santos, y el día dos para rezar por los fieles difuntos.

En México la celebración de los difuntos es en el fondo una fiesta. Sí hay duelo y dolor, sin embargo, le damos a la muerte un carácter jocoso, cómico, alegre y también tenebroso. Me consta la sorpresa para otros países de este modo de vivir ese día, que además en México ocupa más de un día. Según las regiones son varios días previos al día 2. Unos dedicados a los niños, a los adultos, a los muertos por algún tipo de accidente o violencia y a los de muerte natural.

Es una celebración donde se nos muestra la gran sabiduría, respeto y discernimiento de los primeros catequistas españoles que vinieron a México. Supieron entender el dolor y la alegría, el respeto y la broma de los naturales de estas regiones y las conservaron enriqueciéndolas con la catequesis católica sobre la muerte. Su trabajo les costaría enseñar a discernir para desechar lo erróneo y desterrarlo. Esto no ha sido fácil y todavía algunos conservan supersticiones. 

El cultivo de las flores, el papel picado y todos los elementos de un altar de muertos es original en nuestro país. Es imprescindible poner la fotografía de quienes han muerto en el transcurso del año y además preparar los platillos que le gustaban. En algunos lugares en la puerta de la casa donde habitó el difunto se señala el camino para entrar con pétalos de flores de cempaxúchitl, para que el difunto recuerde el camino.

Además de respetar esas costumbres donde se manifiestan los vínculos familiares conservados aun después de la muerte, conviene descubrir el trasfondo de nuestras creencias y esperanzas. Dos son básicas, una derivada de la principal: Primera: Dios no quita lo que da. Segunda: por eso la vida no se termina, se transforma.

La muerte es el inicio de la transformación, el cuerpo se separa del alma, El cuerpo vuelve a la tierra y el alma recibe lo merecido por sus acciones que se revisan ante Dios en un juicio particular. Después del juicio hay tres opciones. Una entrar al cielo si la conducta en la tierra fue buena y con sus acciones rectificó y corrigió lo que no estaba bien aprovechando también la ayuda brindada por el mismo Dios. 

La segunda es purgar las faltas que no pudo compensar en su vida terrena y entonces sufrir las penas correspondientes hasta purificarse y poder entrar al cielo. A ocupara su sito que estaba vacante.

La tercera es la condenación eterna en el infierno, porque sus faltas fueron gravísimas y nunca quiso rectificar, ni quiso escuchar la Voz de Dios en su conciencia y murió impenitente.

Al final del tiempo habrá un juicio universal, donde ante todos quedarán patentes las acciones de cada persona. Al juicio acudirán las almas juzgadas particularmente ya unidas a sus cuerpos que resucitaron, pues para toda la eternidad cuerpo y alma unidos se ubicarán en el sitio que se ganaron: cielo o infierno. Esa es la vida eterna.

Lo mejor es rectificar y enderezar la vida antes de que se separen nuestro cuerpo y nuestra alma. Por eso se puede ayudar a los demás rezando para que cambien de vida, reconozcan sus pecados y rectifiquen poniendo remedio a los males cometidos.

Para ayudarnos, porque todos tenemos culpas es bueno rezar unos por otros. Y por las almas que pagan sus culpas en el purgatorio podemos hacer sufragios, esto es rezar u ofrecer sacrificios para que se les acorte el tiempo y salgan antes al cielo. La tradición señala que el más grande sufrimiento en la tierra es mucho menor que el sufrimiento más leve del purgatorio.

Pero acertamos al festejar a los difuntos porque morir es pasar a mejor vida…si reparamos nuestros pecados. Allí está el detalle.